Sin palabras AMIGO

Esta noche me invito a la máquina bohemia. Tímido y prudente doy un paso al frente y subo a ella porque quiero. Esto no es una boda en la que tienes que recibir un sobre beige con tu nombre, aquí me subo porque el tren del maquinista es el mío, y el mío el suyo.

Puto loco el maquinista, que sin carnet para llevarla la conduce como el mejor piloto que yo pueda conocer. Se ha bajado tantas veces de ella a quitar ramas sueltas del camino, que ya siempre la lleva despacio, con mucho mimo, como se hacen las cosas con arte, que dicho sea de paso el menda de eso va sobrado.

En su travesía se ha reído del trance, ha llorado de abrazos fraternales en momentos improvisados, ha sacado punta del lápiz más gastado y ha sabido beberse en vaso bajo los mayores sin sabores de decepciones múltiples.

Que pare la máquina que hay que repostar ideas. Como las buenas historias, este pequeño resumen de su andadura en la máquina lo quería terminar de manera feliz. Inconsciente noctámbulo, en su consciente realidad diurna. Persona de pies en la tierra y corazón en el cielo, de conocidos en la agenda del móvil y amigos en la cabeza, de mentiras insignificantes y verdades como puños, de camisas de los ”yesterday” y zapatos del Príncipe Carlos, de llantos inexistentes y sonrisas tristes, de fidelidad sin cuernos de la que ya no va existiendo y de miradas que sueltan párrafos y de párrafos que cambian miradas.

Aquí me quedo, pues como me gustas así, si sigo escribiendo no creo que exista maleta para guardar tu engorde, aunque ya sabemos que lo dejarías en una esquina y seguirías igual, con esas barbas de interrail divagando por ahí.

Sigue tu camino maquinista, sigue tu vida !!!

Jesuli Camacho

 

 

 

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Un montón de cosas

…Y me contó un montón de cosas de esas que te dejaban frío. Que conformarte en parte con la cantidad de fracasos proporcionales a tus miedos, es dormir con la decepción.

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No niega que haya sido a veces culpa suya, que en esas ganas de verla, la confundiese con otras caras, incluso podría haber querido a otras, pero le reservó el derecho de admisión a su alma. Que a veces se planteó intentarlo con la excusa de un querer a primera vista, que perseguía según contaba, a alguna que otra mujer por la calles, únicamente con la tonta excusa de cruzar una mirada. Que ha invitado a copas sin acordarse ni siquiera del nombre de la otra persona, que ha dedicado estados y poemas a musas que tampoco existían para él. Que se ha perdido entre colores, cuando sus días eran más grises por no encontrarse consigo; que ha besado toda la escala cromática en un intento sin éxito de ver un día soleado.  También cuenta, que se ha parado a fumarse un puro mirando a la luna, que incluso la ha prometido, a sabiendas que no podría cumplir con dicha promesa. Es así, ve la belleza en un cementerio, lee a Poe, le gustan los días grises para hacerse primaveras imaginarias, mira al cielo, y si llueve mejor, porque levanta la cabeza y le encanta que el agua le de en la cara, y donde algunos ven solo nubes, él crea historias. Que tiene mil noches con encanto a sus espaldas, se perdía en lo oscuro de un bar con un bloc de notas y alguna grabación de flamenco antigua, aderezado por su líquido dorado favorito.

Dice que ha hecho cinco veces promesas de esas que te comentaba antes, que nunca llegó a cumplir. Que se planteó ganar batallas en otras bocas, pero prefería no firmar una tregua con sus principios. Y ahora, de pronto, resurge de sus cenizas, sin saber muy bien el cómo, pero con convicciones sólidas como el hierro. Ve los días más cortos pero con la intensidad de siete otoños, no le molesta tanto el sol, aunque acepta que no le sienta bien, el miedo ahora es su amigo y juegan a darse collejas, y ten por seguro, que esta vez lo ha dejado KO.

Que cada uno tiene su poder, y él explota el suyo propio, le encanta parecer tonto y despistado de cara a la gente y que no le importe. Y me dice que ”si te falta casta y cojones en la vida, es un infinito camino a la tumba”.

 Y que se bebe mil tormentas cuando puede describirla con tres adjetivos que la hacen única, no sabe que pasará mañana, pero afirma entre sonrisas que hasta sus ganas más extremas, bailan con ella como si del último día de su vida fuese…

 

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El reflejo

Y se pone delante, del espejo y se refleja, entonces se para a pensar sin concentrar la mirada en un punto concreto. Primero pide perdón. Por las noches perdidas entre balbuceos sin sentido, por los besos de saldo regalados sin motivos, por los abrazos que pudo dar y no daba en su momento, por las lágrimas que derramaba cuando el mundo alguna que otra vez, le daba la espalda; por creer lo increíble y por ignorar lo evidente, por no darse cuenta de que hay gente que está de paso, y por el paso que no supo ver de la gente. Por perderse un amanecer por acostarse tarde, por no ver un atardecer por acostarse pronto. Por las risas recicladas con gente desechable, por no ver el bamboleo de un alma que pende de un hilo, por callarse cuando más falta le hacía gritar, y por hablar cuando más tenía que callar. Por intentar estirar sus peores días y machacarse, cuando éstos, no tienen más de veinticuatro horas; por no aprender a observar, mientras que solo se centraba en mirar. Por todo lo que pudo hacer y no hizo, por descuidar a quien más necesitaba de sus cuidados, por los cafés pendientes y por las copas de más; y de pronto, frena en seco…

Entonces, se queda fijo con la mirada centrada y esboza una sonrisa, de esas que le salen a un niño cuando sabes que va a hacer alguna trastada. Y cambia completamente el pensamiento, ese que hace un segundo tenía desactivado, y sin saber muy bien la causa, se pone a dar gracias, sin más.

Gracias por hacer lo que le place, por no importarle los comentarios, de esos, que llenan sus vidas con las vidas ajenas, gracias por los brindis improvisados, por los ”me voy para casa” que nunca llegaban a ser del todo ciertos, por ver que hay amistades en las que el tiempo no cabe, por sorprenderse del lado más bonito de la vida y por saber saborear también el más malo, porque cree que con el dolor, todo lo bueno sabe más intenso. Por cruzarse con gente bonita, que no con gente guapa, piensa que el físico es geometría, lo de dentro es pura magia; por arrancar una sonrisa haciendo el ridículo; le vale más que estires los labios que la timidez. Por saber burlarse de la muerte, e incluso ser cínico con ella; por estar caminando a través del infierno acompañado de alguien con alas. Por las collejas recibidas a tiempo, por los días de resaca mala, por conocer de repente ese suspiro que le faltaba, y que llega como la brisa, fresca, sin miedo y calmante. Por charlas con pena y por las penas de otras charlas, por el miedo a no tener miedo, por el señor que vive con él, y por la ausencia de quien se fue. Por su forma de pensar, y por no pensar más allá de hoy. Gracias por los fracasos, por los escasos triunfos y por saber que cuando te quiere, te quiere de verdad. Por la educación recibida y por su locura incurable…

Se detiene, se pone a pensar en frío, despierta, le vuelve la lucidez, y se da cuenta de que no miraba su reflejo en el espejo, sino la foto de esa persona que le faltaba y que tanto le recordaba a él mismo…

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Yo me quemo aquí

No la mires, hazme caso, que luego será peor. No intentes controlarla porque es indomable; no le digas que no lo haga. Échame cuenta, no te va a merecer la pena ver como se despierta después de una noche de fiesta, o de una conversación hasta las mil, se recoge un moño, y se le pegan a ella cien primaveras a la cara de golpe. No vas a querer verla reírse en su pleno apogeo de un chiste malo, o mirarla mientras bebe de una cerveza a morro, y piensas que firmarías mil calvarios por ser el borde de ese vaso para recostarte en su boca.

Ni se te ocurra mirarla cuando anda, ya sea de espaldas o de frente, porque dependiendo del ángulo, te puede dar un síncope o cortarte la respiración; sí, sabes como te digo, como si pasase a cámara lenta y le diera una brisa en la cara y los veinte segundos parecen interminables.

No te fijes en cada detalle de ella mientras conduce, en como empezarías a adorar un semáforo en rojo solo para observarla sin que se de cuenta de como guiña un ojo cuando se pone el cigarro en la boca para darle una calada. No cojas un taxi con ella, no por Dios, ahí estás condenado, al no convencerle su camiseta y te pida una tuya, verás esa forma de cambiarse sin que te des cuenta y lo peor, que la camiseta le queda mil veces mejor que a ti.

No exprimas cada segundo, cada minuto o cada hora a su lado, ya sea en un bar, echando un cigarro rápido o en urgencias en un hospital, porque entonces amigo empiezas a enloquecer, y se vuelve adictiva, como el chocolate, o como un atracón de comida basura después de un noche de fiesta. No la mires directamente a los ojos, esos curvos, achinados, que encierran mil verdades, alguna que otra pena, el peso de cien guerras y mucha raza. Te hará ver que los años son suspiros y los días segundos, y empezarás a notar que improvisas más y no te da miedo nada. Por eso creo que no usa reloj, aunque no se lo he preguntado nunca. Me parece que su medida es el momento, y no hay unidad para controlar suspiros.

Son algunos de los mejores consejos que puedo ofrecerte, que no hagas nada de lo anterior, no, entre otras cosas, porque prefiero seguir haciéndolas yo; y ahora llámame cínico, o invítame a mandarme a la mierda o a decirme demonio, porque sí eso son las puertas de mi infierno, me quedo con ella, y yo me quemo aquí…

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Hay maneras de escribir.

Hay maneras de escribir, o eso me dijo una vez un amigo en una conversación tediosa con alcohol de por medio.  La perspectiva que tiene cada cual de mirar la vida es distinta, sé que hay muchos blogs, y de muy buena calidad por cierto, hay quien resalta la grandeza del amor y quien reseña el tipo de mujer por bandera poco estereotipada o de la calle; yo no voy a ser distinto, aunque quizás la perspectiva sí lo sea, quizás centre los temas bajo un halo pesimista, o igual me da por sacarte una sonrisa de esas en un día como el culo y da la casualidad de que bicheas por aquí y te hago estirar los labios…

No pretendo ser mejor que nadie, ni tener el mayor número de visitas posibles, no cuento con cantidades, en vida lo he hecho, solo pretendo expandirme, hacerme pajas mentales para eyacular conclusiones, equivocadas o no, conclusiones al fin y al cabo y hacerte ver que cada día esta lleno de detalles que por una cosa u otra, o por las prisas de tu días, no te paras a observar…

Quiero hacerte ver que un simple paseo en bicicleta, o al coger el autobús, se te están escapando matices que puede que no vuelvan…

Así que desde mi ”yo” más humilde, pongo en marcha esta máquina bohemia… súbete que hay sitio, próxima parada, la vida.

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